Mostrando entradas con la etiqueta Extinción. Mostrar todas las entradas
El fin del Carbonifero... Ultima parte

Microfotografía electrónica de madera degradada por la acción de un hongo
La hipótesis de Jennifer M. Robinson no ha recibido confirmación hasta ahora, cuando un grupo internacional de 71 investigadores de 12 países ha aportado pruebas en un artículo publicado en Science.
Tendemos a ignorar a los hongos y a menospreciar su importancia, pues no son animales que se muevan ni plantas que producen oxígeno, pero sus 1.500.000 especies estimadas juegan un papel esencial en los ecosistemas terrestres. En su mayoría no producen setas, sino que son microscópicos o forman filamentos que se pueden propagar por una gran superficie. Uno de los seres vivos más extensos conocidos es un hongo que ocupa varias hectáreas de superficie, los análisis genéticos así lo demuestran.
Sin los hongos no sólo no tendríamos champiñones, sino que tampoco tendríamos pan, cerveza, vino o casi cualquier otro producto fermentado. El valor económico de los hongos es enorme y tiene impacto en muchas disciplinas que incluyen la industria farmacéutica. Aunque a veces su impacto es negativo, como en Medicina o en Agricultura. Únicamente un 5% de los hongos han sido clasificados taxonómicamente por la ciencia.
Sólo unas pocas especies de hongos son capaces de descomponer la lignina. No hay otros seres que sean capaces de hacerlo. Si hongos aparecieron justo al final del Carbonífero, entonces esta sincronización no sería casual.
Según este estudio, la acción enzimática de estos hongos terminó siendo una fuerza ecológica muy fuerte que consiguió destruir la acumulación de madera muerta y con ello la acumulación de carbón.
En este estudio se ha conseguido reconstruir la evolución de la degradación de la lignina analizando la distribución de las enzimas que son capaces de dividirla. Con esto han podido definir mejor la evolución de la familia de genes que codifican dichas enzimas.
Este grupo de investigadores se centró en un grupo de hongos conocidos como Agaricomycetes. Este grupo incluye hongos que también degradan la celulosa y hemicelulosa de la madera y los hongos que degradan la lignina. Compararon 31 genomas de estos hongos.

Además han encontrado 12 secuencias genéticas que potencialmente pueden servir en la industria microbiológica como fuentes potenciales para sistemas de producción de biocombustibles o en sistemas de biorremediación entre otras aplicaciones.
Este estudio genético les permitió reconstruir la genealogía de estos hongos y remontarse en el pasado en busca del origen de la degradación de la lignina gracias al uso del “reloj molecular”. Este reloj se basa en la hipótesis de que las mutaciones se acumulan a un ritmo constante, así que el número de mutaciones permite estimar la cronología de los linajes. En este caso permitió saber cuándo surgió por evolución el antepasado de todos los hongos degradadores de lignina.
Los datos indicaron que este antepasado apareció hace 300 millones de años, justo al final de Carbonífero, y que esta habilidad de degradar la lignina surgió sólo una vez en la historia evolutiva.
Este estudio también arroja luz sobre la adaptación de este grupo de hongos, pues algunos evolucionaron hacia su coexistencia con las plantas, por ejemplo a través de la formación de microrrizas. Estas otras especies dejaron de degradar la lignina y encontraron otras formas de obtener nutrientes.
El mundo más verde que este planeta ha conocido se terminó cuando apareció una innovación evolutiva en los hongos. Esto se logró una sola vez, pero cambio para siempre la faz de la Tierra. No es difícil preguntarse sobre cómo sería el mundo si se hubiesen dado otras innovaciones desconocidas o si no se hubiesen dado otras que sí se dieron. Nunca lo sabremos.
3 jul 2012
Posted by Unknown
¿De qué color eran los tomates antes de que muriesen los dinosaurios?
Los tomates son inequívocamente identificados con el color rojo, de ahí frases del estilo de “ponerse rojo como un tomate” pero los vergonzosos tendrían que sufrir otras comparaciones de haber existido seres humanos en los tiempos remotos en los que la Tierra temblaba al paso de los temibles dinosaurios. Recientes investigaciones han puesto de relieve un curioso dato: el mismo meteoro que hace 65 millones de años cayó en Yucatán, ocasionando la masiva extinción de esos terribles lagartos, podría haber sido también responsable de que los tomates adquiriesen su característico color rojo.
Recordemos que el tomate es uno de los afortunados hallazgos que Europa recibió tras el descubrimiento del Nuevo Mundo.
La hortaliza estaba presente en Hispanoamérica cuando los conquistadores llegaron allí y la trajeron al Viejo Continente. Lo que parece haberse descubierto ahora en un reportaje de PhysOrg es que el genoma del tomate ha desvelado que su ancestro que vivía en la época de la extinción de los dinosaurios mutó su color debido a la drástica alteración de las condiciones atmosféricas derivadas del brutal impacto del famoso meteorito que cayó en las aguas del actual Golfo de México.
Además el tatarabuelo de nuestros actuales tomates triplicaban el tamaño de los actuales (ya no se hacen tomates como antes). Con el fin de incrementar las oportunidades de supervivencia, el tataratomate reaccionó expandiendo su genoma considerablemente y librándose de algunos componentes genéticos que eran responsables de su tamaño y color, aunque la información respectiva aun presenta vestigios residuales en forma de trazas de sus antiguas caracterísiticas que ahora han sido descubiertas.
Lo que aún no se ha podido determinar es el color del que eran los tomates que comían los dinosaurios, pero sí se sabe que no eran rojos
Fuente de la 1era imagen: http://www.flickr.com/photos/randymstaana/4476620516/sizes/z/in/photostream/
12 jun 2012
Posted by Unknown
10 millones de años tras el Pérmico
Es ya prácticamente inevitable que la sexta gran extinción acabe con gran parte de las especies terrestres. Tras ese evento, y si el ser humano sobrevive (algo que no parece muy plausible), es conveniente saber con qué se encontrará la humanidad y cuánto tiempo tardarán los ecosistemas en recuperarse.
Obviamente se trata de un problema académico, porque nadie piensa seriamente en esperar el tiempo suficiente como para ver cómo se recuperan los ecosistemas. Siempre se tratará de mucho tiempo para la escala humana. Por tanto el párrafo anterior no es más que una “bofetada” para ver si reaccionamos.
Una manera de saber lo que pasa tras una extinción es estudiar qué paso en el pasado. Varios grupos de científicos han investigado qué pasó tras algunas de las grandes extinciones masiva del pasado y para distintos ecosistemas.
Si queremos tener una buena idea sobre este asunto hace falta tener una muestra estadística representativa. Hasta hace no tanto se creía que la recuperación era rápida porque los nichos vacíos incentivaban la evolución de nuevas especies, pero lo que se está averiguando es que se tarda mucho tiempo en recuperar los ecosistemas ricos y sanos que había antes del evento de extinción.
Según un estudio reciente se tardaron 10 millones de años para que ciertos ecosistemas se recuperaran tras la extinción del Pérmico, ocurrida hace 250 millones de años. Zhong-Qiang y Michael Benton publican un artículo sobre sus resultados en Nature Geoscience.
En ese cataclismo desaparecieron, a groso modo, el 90% de las especies de animales y plantas de la Tierra. Fue la mayor crisis a la que se ha enfrentado la vida compleja en la Tierra en toda su historia. No está y claro qué es lo que desencadenó la extinción del Pérmico. Se cree que hubo una cadena de acontecimientos en los que estarían involucrados el calentamiento global, la lluvia ácida, un cambio en la química oceánica y la anoxia en los mares. Todo ello posiblemente desencadenado por una inusitada actividad volcánica. La extinción y posterior recuperación no sólo dependería a la acción en sí de esos factores, sino a su continuidad en el tiempo tras la extinción.
Estudios recientes muestran que las nefastas condiciones se prolongaron de 5 a 6 millones de años después del evento inicial, con crisis recurrentes de carbono y oxígeno, calentamiento y otros factores.
Algunos grupos de especies animales, tanto marinas como terrestres, se recuperaron rápidamente y empezaron a reconstruir sus ecosistemas, pero sufrieron vueltas atrás. La vida no se pudo recuperar en las fases tempranas porque no se habían establecido aún ecosistemas permanentes. Cuando parecía que la vida empezaba a recuperarse otra crisis obligaba a empezar otra vez desde el principio.
Después de 5 millones de años las condiciones empezaron ser normales y los ecosistemas complejos aparecieron de nuevo. En los mares aparecieron nuevos grupos de crustáceos y reptiles marinos, lo que sentó las bases de los futuros ecosistemas modernos.
Al final, y después de varios millones de años, la vida se recuperó de la extinción y aparecieron nuevos grupos.


